La vida, ¿cómo podemos verla?
Hay quien puede sentirla como un preciado e invaluable don, como también
hay quien percibe la vida como una pesada y nefasta carga que jamás fue
solicitada.
Podemos pensar "Dios nos creo a su imagen y semejanza" y por
ello asumir que es un regalo, algo que debe hacernos felices...
¿Felices?, que palabra más inquietante. ¿Qué es la felicidad, sino sólo
aquel cosquilleo que creemos sentir en momentos agradables? Momentos que no
constituyen, en absoluto, la vida entera.
Pero también podemos pensar en cómo a medida que vivimos, nuestro rostro
y cuerpo terrenal va llenándose de surcos mientras más cerca estamos de la
muerte. Mientras más nos acercamos a nuestro fin, nuestro cuerpo va adquiriendo
día a día más semejanza con una fruta seca y podrida.
Y escucho decir: "Dios creó al hombre del barro", basta con
salir un día de lluvia al jardín y ver como el agua, mientras cae, va haciendo
surcos en el barro.
¿Y de qué están hechas las lagrimas sino de agua caída?
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